Ser la herida del ciervo | Eliana Díaz

II

Ha llegado la visitante,
viene en puntilla de pie.
Se sienta en mitad de nuestra sala
en la mitad de este domingo hastiado;
cruza la pierna, arregla su vestido
como una señorita.
Para espantarla, encendemos la tele
aunque ya no estemos seguras de lo que hacemos.
Todo parece gustarle,
todo lo soporta:
Lo que estalla, lo que desciende, lo que carcome.
En esa vitrina
vemos pasar la vida con su espiral dolorosa
y la visitante se deja caer
en tu hombro.

Quiere consuelo.
No la atiendas.


LISTA DE COMPRAS

Cuando bajo hasta el pueblo
llevo en mi bolso una lista de compras.
El camino se torna alegre,
desprevenido
(nunca pienso en que pude olvidar
los asuntos importantes).
Una lista es un objeto hecho de infinito,
reside allí todo lo ausente:
Lo que viene a las despensas de tu mundo
Lo que puedes sembrar en tu patio
Lo que no es raíz de amargura
Eso que de tanto mirar el bosque
decrece
y se sacrifica.


CÚSPIDE DE RAÍZ A VÉRTIGO CONTINUO

En lo alto está la raíz del bosque
como un sueño,
como cuerpo que se tumba
sobre sus mínimos hedores.
Así está el bosque
en su raíz,
trenzado de agonía,
de vértigo continuo,
habitación con dos puertas:
una mira hacia el sol,
otra se desdobla.
Ese es el bosque.
Esa es la casa.
La raíz más alta de nuestro árbol de tiempo
con sus criaturas atenazadas a mis talones,
a los tuyos.
Es sendero y es huida.

Dame memoria, raíz y bosque.
Leche verdadera para crecer.


ES DIOS QUIEN SE REVELA EN EL MURMULLO DE LOS BOSQUES

Dios habla al oído de los árboles
no para tender una trampa al ciervo,
no para husmear al intimidad de las setas,
no para preguntar por el curso de las hormigas,
no vino hasta aquí para controlar o dividiar;
quiere apenas recostarse a la sombra de los tilos,
quiere descansar de la aldea,
quiere tomar la forma del aire y hacerse murmullo,
no ser tiempo,
apenas duración menor que un instante.


LA HERIDA DEL CIERVO

Déjame dictarte eso que está en mi cabeza,
esa cosa que tú llamas sueño.
Estaba en el camino del bosque
un ciervo atravesado
por nueve ramas;
su carne tranquila y blanca
nada pedía.
Mi ojo fue a parar a su costado
donde una rama hacía un agujero
por donde goteaban chispas de fuego.
Y yo quería tocarlo,
salpicarme de su herida.
Quise ser pequeña y huir.
O bien, ser la herida del ciervo
lo que arde y acontece.


ELIANA DÍAZ MUÑOZ (Barranquilla, Colombia, 1987). Poeta y docente de literatura en la Universidad del Atlántico. Autora del poemario Bosque y artificio (Ediciones Exilio, 2022). Ha participado en varios festivales de poesía. Alguno de sus poemas han sido incluidos en numerosas antologías, y traducidos al francés por Remy Durad y al inglés por Lina María Ferreira.


Poemas transcritos del libro Bosque y artificio

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