Inventé una ley para centuros | Javier Alvarado

LA MURALLA CHINA

Construye una muralla
Y deja una puerta entreabierta.
Quizás entre los miles de bárbaros
Quiera entrar una extranjera, una mujer reencarnada
Entre los bambúes
Que resulte ser la luna,
Una mandarina,
Una osa panda,
Una grafía, una abstracción, una pregunta de jade
Para los dioses oscuros
Que habitan las sucesiones del color en la porcelana;
El ying y el yang sobre la concha del caracol
Arrastrándose sobre las gibas montañosas
Y los monzones,
Deletreando un rastro de plata,
Un colmenar con su saliva
Sin delimitar muros y fronteras.

Ya muerto,
No puedo entreabrir puertas
Ni ofrecer defensas.
Pensé llegar a la gran muralla; extraviarme entre cada roca
Y entre cada muro, protegiéndome
De las tribus invasoras.
Pensé en servir al Emperador, en escribir las sagas del imperio,
Pero morí atravesado por una lanza enemiga, no hubo piedra
Para proteger mi cuerpo,
Allí recibiendo pisadas en el polvo,
Como una ofrenda de arroz o una lámpara flotante en la agudeza del río;
Allí donde el fuego revele
Su milagrosa agonía,
Donde una y otra vez
Me despierte esa foránea
Haciéndome muralla en la tierra,
Crisis migratoria en el orbe,
Un gusano de seda armando una invasión
En la astronomía de las hojas. Yo guerrero ocupante
Abrazado con la forastera invasora
Posando
Sin ser percibidos
Ante el flash de los excursionistas.


RENOVACIÓN DE CÉDULA

ante las situaciones kafkianas…

Cada uno se va como puede
unos con el pecho entreabierto,
otros con una sola mano,
unos con la cédula de identidad en el bolsillo.
Roberto Juarroz


Hoy he tenido miedo de mi identidad.
Ha expirado mi cédula.
No estoy aquí subiendo este piso,
No estoy allá consumiendo esta escalera;
Cada ser con su paso, cada ser con su pose,
Cada uno con sus kilos, en su peso
Donde no haya fuego ante la propia voz,
La propia voz, una revolución, un manuscrito.
Hacer filas inmensas
Para renovar tu vejez en la foto.
Llenar mis datos, volver al nacimiento
Y al dolor parturiento de mi madre.
Gatear y caminar sobre papeles
Burócratas.
Una fecha exacta para la entrega, para volver a plasmar
Las huellas, comprobar solicitud
Y dar fe de vida o dar fe de muerte
Como si alguien se despidiera en medio de la luz, al otro lado.
Unos se van con su espejo,
Otros se van con su perro,
Otros se van sin su pensión con un sello en la frente,
Otros con su nacionalidad y cédula de extranjería,
Aquellos con una carta rasgada antes de tiempo.
Otros se van sin escribir su mejor obra,
Otros se apresuran a tomar talleres literarios y a dejar anaqueles llenos de letra innecesaria,
Insisten en dejar un libro detrás del árbol o detrás del hijo.
Mejor no se apresuren a nada.
En ese lapso de tiempo, ningún banco o trámite aceptan
De que estás ahí, en ese lapso de la otorgación no existes, mientras
Alguien vive, alguien escribe, alguien rompe papeles, alguien renueva su cédula,
Alguien se equivoca escogiendo a un diputado, a un alcalde, a un presidente,
Alguien asegura que todo ha caducado.


UN CANGREJO CARIBEÑO PARA JESUS COS CAUSSE


Desde la borrasca
Un cangrejo mitológico
Está preguntando por ti.
Jesús Cos Causse

A Waldo Leyva y a Margarita Sánchez Gallinal


Camino esta vez en el reverso, sin tocar el negativo.
Palpo las calles de Santiago, el borde longevo de sus piedras.
Hay una estación para derrumbar el rocío, para tramar
Esa muerte prematura del mango, todos los tambores de tu poesía,
El hambre de los perros que nos aguardan
Y esa figura de Quijote bruno, buscando algo irreal
En la racionalidad de las ciudades, donde los taínos vociferan niebla
Donde los negros arremeten contra la niebla
Donde los blancos acuden al esplendor de la caña y beben un guarapo de niebla
Donde los mulatos retoman la danza del cangrejo entre la niebla
Y vas conjurando al ron en la esplendidez del vaso (los muertos beben solos)
Pero dentro de ese vaso se asilaba un cangrejo caribeño
Un cangrejo caribeño
Que se levanta desde la borrasca
Y pregunta por ti.
Porque todos tuvimos un cangrejito
Como el del pañuelo en el poema de la madre de Lezama, porque el verano
Goteó sobre nosotros invocando aquellas estrofas lastimeras, aquella mentalidad
Como un refugio para desnudar a las saudades.

Como la marcha del oro en el tiempo,
Tú incendias esos barcos negreros
Que se atan desde la puericia
Desde los muelles
Donde se velan las mercancías con su verdad fantasmagórica.

Ese cangrejo cabecea
Vacila
Y sigue preguntando por ti.

Se alza esta vez desde el arenal
Y desde las playas de Santiago
Va hasta tu cuerpo
Hasta tus ojos
Hasta el colmenar de la ventana
En busca de ese mar, de ese rio
De ese afluente
Que estalla como un sendero
Como una llama en el velador
Como las arboladuras que nos persiguen
En el coloquio de la araña
En páramo y una súplica serán la mejor estampida
Recreada por la ola o por el anciano que sueña
Con los leones marinos y sigue fumando interminablemente
Hasta que toda la isla
Desaparece en el aletear de su cachimba.

Café y ron
Y un hacedor del arpa
Que bosteza.
Tratamos de ser razonables en aquella toma del fruto original,
La materia que cae como la baba del día, como si nos sorprendiera
La aurora en sus juguetes,
Y nos aguarda el agua, el desván de invierno
Y alguna verdad en sus pocilgas
¿A dónde te vas con el susurro
Con el vértigo
Y sus incontables marineros?

Ahora me devuelvo
Y miro el agua
Y hundo la mano en tu recuerdo
Como ese asedio del espejo por todas partes.
Hay un negro ¿Mackandal? agitando sus cadenas rotas
Y un coro de cangrejos ciegos,
Picotea las flores
De la infancia;
Pero tú eres ese tallo
Que los crustáceos no pueden tenacear,
Pero tu cangrejito caribeño toma ron
Y desde la borrasca
Y desde la borrasca
Y desde la borrasca
Sigue preguntando por ti.


TRÍPTICO CON UNA LEY DEL AMOR PARA W.H. AUDEN

Él era mi norte y mi sur, mi este y mi oeste,
mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
mi día y mi noche, mi charla y mi música.
Pensé que el amor era eterno; estaba equivocado
Auden


(1)

Sentado en las vejaciones, en los lugares sin crimen,
En las crisis paganas y espirituales
Que retozan el idioma de los siglos
Me ahuyento a todas esas evaporaciones ambiguas del café;
Me rasco una pierna
Y estrujo la lisonja verde del apio,
Mientras sueño que muerdo los pedruscos
En esta playa lóbrega,
En esta incertidumbre
De un nuevo tiempo, cazando perdices
En la arena, bebiendo agua de una piedra
Como una misericordia a voz baja,
Sin medir la irrigación del barro
Apretujado en las otras voces de los querubines
En aquellas macetas del hotel cinco estrellas
Y yo con ninguna a bordo, solo capitaneando
El hambre del corazón, el hambre de los homosexuales
Sobre este mar que sucede en un por qué,
En medio de los establos acuáticos para los yates,
Para los sacos sin ojal y sin flor, para los caballeros
Que miran ansiosos el bulto del orfebre que pasa
O con cuidado los que se halan atrás del pantalón
Y fisgonean ese instante de lo oculto en el tacto.

Esas son las parábolas después de ver partir
Al que se ama con otra sombra equidistante,
Con otros labios menos marchitos y con menos niebla
Entre los barcos piratas de mi cabello.

Esa es la comunidad del limbo, esa es la comunidad
De las plantas y de los animales (con quien conversamos
A solas).

No hay nieve en estos lares, pero que frio arremete
La nieve inventada, la rueda de aquel trineo
De la infancia arrastrado por lobos y por mozalbetes
De jerarquías angélicas, ¿Rilke?
Y que, desnudos, me iniciaron en el deshielo subterráneo
De los fuegos.

Ahora supongo que debo esperar, que debo terminar
De pagar mis cuotas del Seguro y que debo revivir
Todas las escenas donde la belleza fraguó
Sus donceles con arcilla, con colores, con dominios
E imágenes, ¡las excelentes metáforas! Un cayado que se recoge
En medio de las ovejas y las cabras, ese silbido del pastor
Desnudo entre los bambúes, entre los aparejos de siembra
Y el tractor que va humeando hacia cordilleras de lumbre,
Hacia soles y lunas que descansan
Sobre montañas de oscuridad, venerando ese paquete para turistas
Que escogimos juntos y que ahora es el recuerdo
De esta escena de soledad en el trópico, esa manera de volver
A la aventura y lo amado que se encadene
Allá en el fondo solitario de las piedras.

La decadencia del cuerpo que es un pacto de la piel
Con el reloj de arena en el agua, que es un pacto
De la mirada agrietada y aferrada a una sola ranura,
La satisfacción en la adolescencia lejos de todas las abuelas,
Lejos de las nanas, lejos de todas las madres
Que coléricas y tiernas evitan la polarización de la carne
Antes que otras manos te tomen de la espalda
Y tatúen sus orgasmos sensitivos
Como si un balancín se tratara, como si fuésemos
A llegar a esa otra aurora, a ese otro abismo colorado en la galaxia.

Pero ahora que solo confieso que hay instantes como mareas de olvido,
Que recorro este lugar del trópico buscando la ensenada,
El desgaste del barco y los naufragios que ocurren en tu poesía y mi poesía,
Que hay alas vegetales susurrándome al oído un vuelo planetario,
Otros hombres que persiguen mi cuerpo o lo que digo
Apresurando tomar las palabras de mis labios o que las encienda en papel
Para ejercicios en soledumbre, para esa estación violenta ya tanto mencionada;
Quizás tome a alguno de ellos de la mano, quizás tome a uno de ellos
Y se encienda el hotel de cinco estrellas, la noche intermedia del castillo,
Vayamos a algún bar, a alguna cantina o algún reposo entre cojines
Y luces que nos tragamos aplastando la niebla, más allá de todo quedan
Nuestros cuerpos amantes, más allá de todo quedaran nuestros espermas
(Esta ley del sexo y del amor)
Como gaviotas en el cielo opaco, como islas, en esta centuria a la deriva.

(2)

Observas ahora estos cementerios cargados de tiempo,
Esas lóbregas estatuas que hablan del mar y cambian de pose
En toco ocaso, o en toda punición de encontrarnos a solas
Con nuestros padres, con algún amante que tercie la vanguardia
De los estilos, esas barbaries que deseamos musicar
Ante todo, equinoccio de primavera, huyendo en las aventuras
De nuestras amenazas y angustias, teniendo el color del polvo
En las manos, el sabor de la telaraña en la boca
Aquellos que por obediencia traían hasta tu lengua los insectos,
Los que se impactaban como meteoros, los que se encendían
Como antorchas en genotipo, como medusas de la radiación
Resplandeciéndolo todo como se debe vislumbrar la muerte.

Pero esas son otras razones, otros espacios para exponer
La diatriba de la tierra inverosímil, tú, un inglés nacionalizado
Norteamericano y dispuesto a veranear sobre estas islas panameñas,
Grabando los torsos de los lugareños y las metáforas catastróficas
Del Pacifico, aquella penúltima imagen de un gran río,
Gris como la boina de las tristezas, enorme y largo
Como una fumarata de osos en otoño, como el fuego
En la cornamenta del reno, esos lambisqueos
Del oso hormiguero entre las arrieras y las guágaras
De estos dominios; así te quiero recordar con la impronta
Del presente sobre el pasado, descorchando alguna botella
En los hielos del futuro; un camarero que rezuma poesía
En su traje erógeno, cuando nos sirve el trago y sonríe
Con su pelo fijado con gel a la cabeza, con su talle de avispa
Y los zapatos en punta, dispuesto a ser un esclavo sexual
O un terrible niño que vaya braceando la barca en el espejo.

Somos capaces de acercarnos o extrañar la luna en el verano,
Recitar sin excusas alguna estrofa de algún reino perdido

O un himno de fecundación druida sobre estas piedras
Color de centeno, color de avena, color de sangre de olvido;
Pedir excusas aunque no nos creamos príncipes, aunque crucemos
La noche a nado, sin salvación, sin impedimento
De darnos las burbujas en azogue, en una piedad
Que se descascarilla como un fruto que riela en la estación
Y las fuerzas morales se hagan añicos como los espacios del mundo
Y la lumbre, el paño y el llanto, la obsidiana y la flor.

Quédate aquí, en este espacio de mar, en este golpe de mar
Que da a la bahía sobre las indefinidas ventanas,
Sobre esa coloración miserable de los desperdicios a flote,
De alguna campana errada sobre el cielo de estos primeros tres meses,
De estos hábitos de tocarnos los huesos sin tiempo,
Las ingles en plena calma o en álgida excitación
Y echarnos a reír como si el encuentro de las manos
Fuera un juego de ciegos o una tierna disputa
Entre machos cabríos, entre mozalbetes en libación
O entre ritmos lupinos que claman por la justicia de la cordillera,
Escondiéndonos luego en tu desván de amor
O en tu árbol de Judas, donde las hojas vienen y van
Como un silabario de invierno; estos pequeños dioses,
Estas pequeñas criaturas que aportan un estado hormonal
A las palabras, a lo que clamo aquí desde un exordio,
Desde un epilogo, desde una canción que invade
Las huestes veraniegas y las huestes afrodisiacas en el páramo.

(3)


como el amor que a menudo lloramos,
como el amor que rara vez conservamos.
Auden


A todos confieso que me falta un reloj
Para el amor;
Inventé una nueva ley
Para obreros y jardineros,
Para planchadoras y amas de casa;
Para empresarios y adolescentes
Que descubren sensaciones en el cuarto vecino
O en las ambigüedades de la puerta;
Inventé una ley para los centauros,
Para las noches gays en todos los lugares o sitios de ambiente;
ㅤㅤㅤ⠀⠀A las lesbianas les creé un cielo con las curvas de Marlene Dietrich, de mi tía y Greta Garbo;

Temí a mi vejez y ya siento el olor perenne
De las rosas de juventud.
Hay que regarlas y podarlas,
Hay que limpiarlas de insectos y cuidar la tierra
A nuestro alrededor y descifrar el color
De las aguas que nos invaden como una madre
O un agua amniótica con todo el resplandor de su peligro.

A todos les cabrá una ley como les caben las monedas
En los bolsillos o en los monederos que se ocultan
En los senos las señoras viejas o las jovencitas
Que llevan disimuladamente un apartado
Para el menudo en el bolso, a veces poco práctico
Para las vestimentas que lucen. Ayer vi a un muchacho
Acariciar las bodas del aire en un campanario antiguo;
Siempre he tenido lascivia por los campaneros,
Hay vuelos de palomas mágicas que ya no existen.
Esta ley del amor es para fuertes y para débiles
Y para los que la soledad
Es un hombre o es una mujer
Con hábitos compartidos o hábitos diferentes.
Yo sueño que la ley es una palabra o que son varias,
La ley es un gesto o más bien una acción
O el amor también es alguien que nos mira y que quizás nunca lo sepamos.
El amor es el desenfado o la impotencia,
El coraje o el silencio
En su corazón
O en su prueba más vehemente.
El amor es todo lo que sentimos, tenemos y lloramos.
El amor es todo aquello que ya perdimos
Y que acaso conservamos.


JAVIER ALVARADO (Santiago de Veraguas, 28 de agosto de 1982). Licenciado en Lengua y Literatura Españolas por la Universidad de Panamá en 2005. Ha sido galardonado con muchos premios, entre ellos, el Premio Nacional de Poesía Joven de Panamá Gustavo Batista Cedeño en los años 2000, 2004, 2007 y 2014. Premio de Poesía Pablo Neruda 2004 y Premio de Poesía Stella Sierra en el 2007. Poeta residente por la Fundación Cove Park, Escocia, Reino Unido 2009. Mención de Honor del Premio Literario Casa de las Américas de Cuba 2010 con su obra Carta Natal al país de los Locos (Poeta en Escocia). Primer Premio de los X Juegos Florales Belice y Panamá, León Nicaragua con Ojos Parlantes para estaciones de ceguera. Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2011 en poesía con el libro Balada sin ovejas para un pastor de huesos. Premio Internacional de Poesía Rubén Darío de Nicaragua por su libro El mar que me habita. Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén 2012 por su libro Viaje Solar de un tren hacia la noche de Matachín. En 2021, obtiene el Premio de la Fundación Naaji Naaman en El Líbano, el Premio Rey David de Poesía Bíblica Iberoamericana en Salamanca, España, el Premio Municipal de Poesía León A. Soto en el marco del Bicentenario, entre otros.


Cortesía del autor

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