La creatividad en las mujeres escritoras

El tema de la creatividad es de gran importancia actualmente para todos, principalmente para las mujeres, quienes cada día tenemos mayor participación en todos los ámbitos, tanto económicos, políticos, sociales y culturales en el mundo. Esta participación femenina no ha sido fácil; las mujeres hemos tenido que ir abriendo caminos que nos hagan visibles a través de nuestras actividades y trabajo, que había sido limitado únicamente al terreno de la maternidad y el hogar. Sin embargo, ya muchas mujeres, desde hace siglos, fueron manifestando y dando muestra de su creatividad y empuje por la humanidad, aunque tuvieron que desafiar muchas circunstancias. Ante esto se abre la pregunta: ¿a qué nos referimos con creatividad y cómo está ligada la creatividad en el proceso de la escritura en el campo literario de las mujeres?

La idea de lo que significa creatividad ha estado presente desde las propias mitologías antiguas, en la representación simbólica de características humanas personificadas en diosas, dioses, héroes, etc. En la Grecia Antigua, todo aquel ser humano que poseyera el don de la creatividad se lo debía a las famosas nueve musas de la inspiración. En las distintas religiones ancestrales, así como en la judeo-cristiana, la creatividad se asocia a un Dios creador. Por otro lado, la creatividad, a lo largo del tiempo, ha estado asociada con el arte, e incluso, con la locura. Sin embargo, fue durante la gestación del método científico de Occidente cuando las ciencias fueron cobrando un papel protagónico y, con ellas, las diferentes investigaciones que tenían que ver directamente con el ser humano y sus cualidades y talentos. Así la psicología, la sociología, la filosofía, en fin, todas aquellas definidas como disciplinas de las Humanidades, han dado definiciones acerca de lo que es el proceso creativo. Algunos ejemplos son los siguientes: Guilford nos dice que “la creatividad, en sentido limitado, se refiere a las aptitudes que son características de los individuos creadores como fluidez, flexibilidad, originalidad y el pensamiento divergente”. Para Sillamy, la creatividad es “la disposición para crear, que existe en estado potencial en todo individuo y todas las edades” y Pereira dice que “ser creador no es tanto un acto concreto en un momento determinado, sino un continuo, ‘estar siendo creador’ de la propia existencia. Entonces ¿la creatividad es una aptitud, una actitud, una habilidad innata o una potencialidad desarrollada por el ser humano?, podría decirse que es un conjunto de todo esto y uno de los procesos cognitivos más sofisticados presente tanto en hombres como en mujeres.

Todo apunta a que la creatividad se encuentra influida por una amplia gama de experiencias evolutivas, sociales y educativas, y su manifestación es diversa en un sin número de campos, desde el punto de vista occidental, sin embargo, desde la milenaria tradición Oriental, la creatividad fue asumida como un estado personal del que gozaba el ser humano, por lo general, encubierto u opacado por las circunstancias de la vida cotidiana. Ese estado personal tiene que ver con la energía vital, que es todo aquel flujo energético que está presente y se manifiesta en el universo de distintas formas, a nivel cósmico, incluyendo la gravedad, el magnetismo, la electricidad, la energía solar, las ondas de radio, etc.

La energía vital, es esa fuerza misteriosa que los antiguos egipcios denominaron ka, los yoguis le llaman prana, los chinos la conocen como chi y los japoneses, qi, para los derviches es la baraka y para los cristianos es el aliento divino. En el budismo, por ejemplo, existen dos tipos de mentalidad, una reactiva y una creativa. La mente reactiva es una mente mecánica, condicionada, repetitiva, plena de patrones que forman parte de la existencia. La mente creativa, por su parte, se activa por sí misma y responde, en vez de reaccionar; es una mente que funciona de manera espontánea, es profunda y plena de optimismo. Además, la mente creativa, es una mente capaz de amar, de estar feliz, puede crear a pesar de no tener posibilidad para esa creación. La transición de una mente reactiva a una mente creativa marca el principio o iniciación de la vida espiritual. Aunque ambas visiones parecen contrapuestas, una, la occidental con una idea más mental acerca del proceso creativo y la otra, la oriental que toma más en cuenta el estado del alma, ambos enfoques son necesarios y forman parte integral del ser humano para acceder al proceso creativo, sobre todo cuando de arte se trata.

¿Cómo está ligado ese proceso creativo cuando hablamos más concretamente de la mujer? De acuerdo a la antropóloga estadounidense Helen Fisher, la mujer tiene capacidades y diferencias ancestrales básicas en relación con el hombre, como su “habilidad verbal; capacidad para interpretar posturas, gestos, expresiones faciales y otros signos no verbales; sensibilidad emocional; empatía; excelente sentido del tacto y el oído; paciencia; capacidad para pensar y hacer varias cosas simultáneamente; una amplia visión contextual de las cuestiones; afición a hacer planes a largo plazo; talento para crear redes de contacto y para negociar, capacidad para centrar la atención y la habilidad para controlar muchas de sus emociones”, así que estas características intrínsecas de género indudablemente influyen sin a la hora de tomar parte de ese acto creativo o creador; ya sea en la pintura, escultura, dramaturgia, música, literatura e incluso en otras áreas como la arquitectura, negocios, etc.

En lo que se refiere al campo literario, la historia nos muestra las huellas imborrables de mujeres ejemplares que nos han mostrado su gran poder creativo, poder que, por cierto, ya está conferido desde su esencia biológica, pues creatividad es crear, por tanto, es creadora de vida, milagro que la hace duplicarse o desdoblarse en otro ser. De esta forma también podríamos referirnos a su trabajo literario, pues es un desdoblamiento o una duplicación de sí misma a través de las letras, de ahí que cuando se termina un libro se diga que se ha dado a luz un hijo. Por tanto, para la mujer, hacer literatura es entregarse a ese acto creador por medio del cual se recrea, dando a los demás una porción de su esencia y de su propia alma. La escritura, como acto creativo, le da a la mujer una gran posibilidad de trascendencia porque, a través de ella, puede encontrar una forma de expandirse hacia una sociedad que cada día requiere más su presencia, y encontrar ese equilibrio y esa voz que por mucho tiempo estuvo silenciada. Esa voz femenina va tomando espacios cada más amplios que le permiten ser ella misma, y que ratifican una nueva postura de su feminismo, porque los senderos de la creatividad son muchos y se convierten en el umbral de luz que nos ilumina como humanidad. Es a través de esa creatividad que la mujer puede mostrar a los demás su realidad como género, sus preocupaciones, sus intereses, su intimidad, su visión del mundo, su sensibilidad, su visión de las problemáticas mundiales, la posibilidad de otras propuestas y soluciones tomando como eje la literatura.


por MARLENE PASINI (México). Comunicóloga, escritora, poeta, editora, artista visual. Psicoterapeuta, coach de vida y educación transpersonal, con maestría en literatura, diplomada en historia. Egiptóloga con certificación en jeroglíficos y especialista en sabiduría ancestral y mística.




Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

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