Lo mismo que humo alado y blanco | Pedro Crespo Refoyo

LLUVIA, LLANTO Y TINTA

SE ha metido la tarde en lluvia fina,
Como una plañidera muy discreta
Que va dejando trenos
Entre los adoquines y los charcos.

OSCURIDAD de la tarde decembrina
Con las huesudas manos deformadas
Por la calamidad de un largo viaje
Hacia la avariciosa flor de nata
Que crece en las montañas,
Escondida entre nubes y ventiscas,
Lo mismo que un tesoro
Que nadie ha de encontrar, por más que busque.

LA lluvia no perdona
En su monotonía y parsimonia:
Penetra como un sueño de abandono,
Lo mismo que una lanza en un costado
Hasta tomarlo todo,
Como quien aniquila
Sitiando una ciudad o algún castillo
A base de cautela y mucho celo.

LA lluvia es manto triste de dulzura,
Acaso mordedura
De besos y pellizcos muy nutridos
De esa materia grana
Que lucen los racimos melancólicos
Antes de ser la harina sin el vino
De todo sacrificio.

LLUEVE y llueve
Entre silencios densos
Al dictado sonoro de mi canto
Compuesto como un treno
Que asciende hacia lo alto
Lo mismo que humo alado y blanco
De una feliz noticia o de un milagro
Cargado de misterio
Y preñado de amparo.

LLUEVE y llueve
Sobre mis pobres valles doloridos,
Sobre las ruinas tristes de mis días,
Sobre la malandanza
De tantos desvaríos consentidos.

LLUEVE y llueve, sí, sobre las espaldas
De un hombre en retirada;
Llueve sobre la tinta desteñida
De una vida mermada
En las postreras páginas
De una crónica a punto
De estar conclusa, lista y rubricada.


SALUDO

TE acercas a la playa
Con pies descalzos, Safo, entre neblinas
Y miras a Poniente con tus ojos
Cargados de esperanzas
Y trazas en la arena con tus dedos
La queja de una pena
Y el vuelco de un deseo.

LA mar besa tus letras
Entre gemidos tristes,
Lo mismo que si fuera otra poeta
Que, desde Siracusa,
Amores encendidos manifiesta
Para aliviar tu exilio
Y concederte abrazos con certezas.

RECIBE esta mi ofrenda,
Mujer de Mitelene , en la lejana
Y entresoñada Lesbos,
Mezclada de narcisos,
Entre los blandos juncos y jazmines,
A cambio de una rima y su sonido
Al ritmo de la lira y de la vida
De tus alumnas bellas, danzarinas
Que fueron consagradas a las Musas,
Aprendiendo de amores y desvelos
Que a todos roban sueño.


IMPRETACIÓN AMOROSA

Extramuros la luna se detuvo
Jesús Fernández Santos

DÉJAME que te vista de algodones,
que vaya cubriendo tu piel con las plumas que
desprenden los ángeles volando entre los álamos,
Deja que vaya soplando perfumes de algalia,
colores terrosos que tiñan tu piel con pigmentaciones
de estambre encendido,
Déjame llenar tus manos de almizcle…
El mar de tu sueño de espuma encendida y cautiva a
merced de las olas, las arenas y el roquedal,
Deja que inunde de sueño el almidón de tus labios, la
planta sedeña de tus pies descalzos por los umbrales
de la luz,
Deja que sea el horizonte nuestro destino, nuestra única
meta para no regresar de las luces que ciegan, de los
escorpiones que atacan con mortífera miel,
Deja que abra en la tenebrura ventanales de lirios, que
escarbe con mis manos heridas en tus entrañas de
alabastro y de zinc hasta que mis dedos se quiebren,
como doblan las hojas caducas en otoños de asombro
y costumbre,
Déjame mirarte, admirarte, adorarte postrado de
hinojos sobre filos de cuchillos, sobre las rocas que va
puliendo en púas la marea y resecan los soles de
insania estival,
Déjame ser la humilde flor de tu mirar, el quebranto de
tu labio en vuelo hacia la rama, la hiedra que se
atenaza al tronco hasta morir,
Déjame habitarte y no salir de tus muros y tus calles, ser
el viento en cada esquina de tu alma, el mirador altivo
de tus ríos benignos, la roca de tu boca de rosa, la
extremaunción de mi existir: óleo de agonía en
clamor de amanecido anhelo…
Déjame que con la grafía de tu voz vaya trazando mi
epitafio.


CASI UN EPITAFIO

SE han abierto tus labios
A los acantilados de la tarde.
Todo en el aire flota
Como vuelan figuras de colores
En posturas de ensueño
En los lienzos rotundos de un Chagall.

EL amor otorga alas: va vistiendo
De asombro nuestro sueño con leve resplandor
De amanecer sin bruma
Por entre los viñedos
Cargados de racimos y en sazón
Que esperan la vendimia y el lagar,
La firme y fiel pisada de unos pies
Teñidos de ebriedad, como las ménades
Enardecidas, lúbricas y audaces,
Clamando su evohé.

REMEMORAN violines tus sonrisas
Y arenillas del mar tus furtivas miradas
Mecidas por las olas
En el silencio vivo de la calma
Llamada soledad
Entre espumas ocultas
Y caricias que vienen y se van
Dejando tras de sí la oscura estela
De lo que nunca ya regresará.

LO mismo que gaviotas
Celebrando la luz de amanecida,
Me llega tu sonora voz abierta
Plena de perfumadas vibraciones
Recubiertas de musgo y de albahaca
Con la coloración de primaveras
Hasta este huerto ameno bien cubierto
De dulces crisantemos y jacintos.


FIN DE TRAYECTO

SE ha quedado varado el calendario,
Lo mismo que un dolor, en lo más alto
De todas las batallas
-Cargado de febrícula-
En medio de la nada,
Arrancado del tiempo y sus punzadas
Con dedo acusatorio hacia mi pecho.

ME siento perseguido
Por un mes estival llamado julio,
Estando ya en diciembre:
Perseguido de hechizos y fracasos,
De mares y montañas,
Desde la mar remota a este lamento
Perdido en la metrópoli.

MI alma siente cuchillos que se clavan
Entre las grietas hondas
De aquellas caminatas
Remotas de cansancio:
Sin una meta fija, sin horario,
Sin fe, sin incensario;
Con el recuerdo abierto de una madre
Que cuida de su vástago
Al borde de una encina y un camino
Con un pañuelo blanco
Y en el rostro una lágrima brotando,
Lo mismo que resina, resbalando
En medio del silencio de la tarde,
¡Tan sellado!

TAMPOCO los silencios son rotundos.

BASTA un graznido crudo
De una silvestre urraca en la campiña
Para que todo sea sucio y turbio,
Como una maldición de mal agüero
Que acaba con el mundo,
Dejando la impostura al descubierto
De lo que parecía pleno y justo.

MAS, ¿qué se puede hacer -yo me pregunto-,
Si ha llegado diciembre,
Y el calendario marca el mes de julio?


PEDRO CRESPO REFOYO (Zamora, España, 1955) es Licenciado por la Universidad de Salamanca y doctorado por la UNED en Filología Hispánica. Profesor estatal de Lengua española y literatura. Ha publicado, además de su tesis doctoral, «Amor, muerte y religión en el ‘Cancionero de Baena’ «, Madrid, UNED,1992; una novela metafictiva, «El cuaderno de los cuadernos»,  Caligrama, 2015; una compilación de etnotextos folklóricos, «Cuentos, canciones, costumbres, trabalenguas y otros textos de Sayago», Zamora, Semuret, BCTZ, 2016; como obra lírica, «Te despiden mis ojos (Colección de 101 haikus)» (Almería, Azur, 2018). Ha publicado numerosas reseñas bibliográficas y ensayos  como crítico literario. Es investigador, medievalista y folklorista, así como experto en comentario de textos y narratología. 


Cortesía del autor

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