A la espera del horizonte inalterable | Elisabetta Bagli

LOS BARCOS DE LA ESPERANZA

Son los barcos de la esperanza
los que surcan los mares
en la persistente penumbra
de quien, desesperado cree en el sol,
mientras el viento desnudo
le sorprenderá en la noche,
cuando los espejos de la tierra
extinguirán para siempre
los anhelos luminosos de la luna.
Lo venden todo
a los verdugos despiadados,
a los sucios dueños
de sus destinos.
Al igual que el ganado congregado
en la trashumancia,
atraviesan las aguas
con señales de tortura
en los brazos, en la cabeza;
en el abdomen las frescas cicatrices
de la violencia sufrida en los campos,
del sexo amargo y cruel
infligido como pan de cada día
a quien débil se ha tragado
jirones de piel en la búsqueda
de su sueño profundo
en la madera flotante y rota
que, a menudo, no tocarán.
Pocos llegarán vivos,
muchos se ensuciarán las manos con sangre.


PÉTALOS

Redondeces absortas
en el latido primitivo
de almas vivas.
Pétalos rojos en el viento
vibran, dejándose amar,
huyendo de su propia belleza
entre las olas de la mañana,
florecen en el centro
de las alas del silencio,
temblando a la espera
del horizonte inalterable.


MANOS

Un nuevo sentimiento,
manos en la noche
y dedos brillan,
agarrando el futuro
de destinos cruzados.
Manos vívidas que se quieren,
ojos incautos sonríen
a la nueva vida,
buscan el consuelo,
abriéndose al mundo.
El surco de cada pena
está en las arrugas de la piel
anunciando
el abandono de manos
que se sostienen
más allá de la eternidad.


ARENA

No importa el tiempo
marcado por la arena
en huesos que envejecen,
mezclando la luz con las tinieblas.
No importa la soledad
del hombre que ve secarse
las hojas de la planta
si esta está bien arraigada en él
y con tan sólo una lluvia
renueva su vida.
Importan el día y la noche,
la tierra y el agua,
las manos y los ojos,
el lenguaje y las palabras,
húmedas y secas,
capaces de provocar incendios
en los desiertos.


VESTIDA DE NOCHE

Soñé
con caminar bajo el sol
y con vestir la luz,
pero cuando me desperté
me encontré vestida de noche,
con una única riqueza:
el velo del silencio.
Me lo puse feliz,
incluso cuando me envolviste
con celofán
para no dejarme respirar,
moverme, hablar, entender.
Me has denigrado,
degradado, humillado,
has demolido mis certidumbres,
has destruido mi naturaleza,
sin tener que ensuciarte las manos.
¡Nada es eterno!
Mis ojos ya saben,
ahora yo sé que con los brazos
¡puedo también volar!


ELISABETTA BAGLI nació en Roma, vive en Madrid desde 2002. Licenciada en Económicas y Empresariales, es traductora, escritora, poeta, ensayista, articulista, prologuista, corresponsal de radio, representante de varias Asociaciones culturales españolas, italianas e internacionales y organizadora de eventos. Su obra ha sido traducida y publicada a veinte idiomas. Es autora de varios libros de poesía, una recopilación de relatos, un libro para niños, y de artículos y ensayos para periódicos y revistas digitales de todo el mundo. Su obra ha recibido premios italianos e internacionales, entre otros el Diploma de Honor por mérito artístico Mayte Spínola del grupo Pro Arte y Cultura en 2017, la Distinción mujer destacada en la cultura 2019 otorgado por el Foro Femenino Latinoamericano de Mar del Plata Argentina, el Premio a la Italianidad por la Cultura 2019 otorgado por el Embajador italiano en España Stefano Sannino y el Naji Naaman Literary Prize 2020 en el Líbano en julio de 2020.


Cortesía de la autora, quien tradujo sus poemas del italiano al español.

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