La mujer que duerme sola | Renato Sandoval

CIMA

Asciendo a la montaña
de sueño
y me asfixia el sudor de sus piedras.
Aún la plaza dormida en la ladera
es el vértigo de noche tras noche
repudiando la aurora.
Un sinsonte reparte perjurios,
una voz de sombras
corona mis sienes.


RUTINA

Las comarcas del verano reseco
se han instalado en la corteza del mediodía;
por la noche
los grillos de las plazas
hablarán de la luna así como los niños
lo hacen de las parteras.
Un libro entre las manos
es un absurdo congruente;
alguien tendrá que pagar por los días
que en él se han desperdiciado,
al menos así lo cree mi mujer
que furiosa me espera detrás de la puerta;
no me lo ha dicho pero recuerdo eso de que
la mujer que duerme sola sabe bien
que el verano es una región fría.
Todos los días lo mismo y nada
sucede al otro lado de la gloria;
a solas escribo todo el año
sobre la convexidad de mi espalda
y al final lo único que leo es la palabra muerte.
Si habrá al menos una sección canicular
en este mercado donde el frío
es un éxito de ventas,
en este mundo comercial donde
la piel humana vale tanto como
la de un cangrejo,
en esta luz tan pulcra y vacía
que sin piedad se precipita contra el mundo
y lo va cortando en rodajas.


SOSIEGO

Arde el sol sin piedad
pero el viento es de otoño
en la ribera del hastío. Solo las calles
ensanchan el grito
en perfecto estado de desvelo. Las ventanas
encierran un deseo que de a gotas
se cuela por las ranuras de las puertas
esmirriadas. Nada turba la siesta
de los necios en este día comercial
y sin provecho, apenas
si el bancario que relame sus legañas
o el rocío que aún persiste
en los geranios.


INVITACIÓN

Te has vuelto tiempo, y eso no es bueno. Por ello me he percatado de que un día naciste en el horizonte y por ti se desencadenaron el ocaso, la lluvia de horas, acequias con minutos rojos, taquicardia de segundos que se agitan cada vez más conforme se vuelven décimas, centésimas, milésimas. No tienes calma, te falta respiro.

Mírame a mí, no existo; no me arrastran las mareas, no me abandonan los instantes, sin huesos famélicos ni piel despellejable. Sin bolsillos para criar monedas y billetes viudos; estómago raquítico que solo se llena de ansias y recuerdos; libre de roturas, rencores, basura de armas, juguetes de lodo, lotería para ganar años, pena y cáncer de marca registrada.

Te tiendo la mano para que ya no estés; sube a la nave donde rigen el cero, la mudez, el vacío inmarcesible entre dedos que no quieren brotar; el vuelo es inerte, tranquilo, seguro; en primera clase no despega de ningún lugar ni llega a destinos. Y ahí estaríamos juntos, sin maletas, sin cuerpos, sin propiedades ni abogados que se litiguen entre sí. Al fin, ambos fuera del tiempo. Nada de arrugas.


SINFÓNICA

La música me oye, me arruga,
me deshoja, solo crujidos
y un temblor enjuto rezuman
de mis dientes. Esa flauta
mutilada, la sirena
de las horas anunciando
lo que no saben o ya no entienden,
termitas al vapor y la nota aupada
en la ventana. Una palabra, todas
las palabras, alguna,
ninguna, nada de mí
oye la música
cuando aún respiro.


RENATO SANDOVAL BACIGALUPO (Perú, Lima, 1957). Ha publicado, en poesía, Singladuras, Pértigas, Luces de talud, Nostos, El revés y la fuga y Suzuki Blues, los tres últimos recogidos en Trípode (2010), Prooémium mortis (2016), Atajos a la nada (Opiniones y versiones) y Odiario (2018), Del taoísmo al teísmo (2019). En ensayo, El centinela de fuego, libro dedicado al poeta simbolista José María Eguren, y Ptyx: Eielson en el caracol. En el campo de la traducción, son conocidas sus versiones de Pavese, Quasimodo, Tabucchi, Pasolini, Arnaut Daniel, Tieck, Rilke, Kafka, Södergran, Ågren, Haavikko, Saarikoski, Dinesen, Boberg, Juul, Drummond de Andrade, Lêdo Ivo, Paulo Leminski, Valter Hugo Mãe, Sylvia Plath, Hart Crane, entre muchas otras. En 1988 obtuvo el primer premio de “El cuento de las mil palabras”, del semanario Caretas en 2015 el Premio de Bronce de Copé, y el Premio Nacional de Literatura 2019 con Mención Especial en Poesía. E-Mail: ncuervos@yahoo.com


Cortesía del autor

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