Arte y esencia humana en occidente y oriente

En las prácticas de ritos y magia de los tiempos más primigenios del ser humano, el arte fue la vía para que pudiera conectarse con ese mundo de fuerzas sobrenaturales, es por ello que cuando nos situamos como espectadores ante una pintura rupestre, más que sincronizarnos con su aspecto creativo o estético, nos podemos conectar con un impulso expresivo cargado de simbolismo y prodigio. Es evidente que, en principio, el arte es una fuerza capaz de comunicar, pero también es el recurso para transfigurar el mundo y la realidad, la forma de intervenir en el ambiente, una manera de superar nuestras limitaciones humanas y de vencer los miedos más profundos ante un imperioso mundo de potencias sobrenaturales y peligrosas.

Con el paso del tiempo, el arte fue cobrando nuevas perspectivas, su estudio como tal, data del pensamiento griego clásico y su forma de manifestarlo y conceptualizarlo ha ido también relacionado bajo un enfoque filosófico e histórico, el cual se le ha clasificado bajo diversas maneras y corrientes de acuerdo a su desarrollo. Durante el periodo griego clásico, el arte cobró significado bajo la visión particular de la estética y el ideal de la belleza del cuerpo y la geometría (representada en la escultura y la arquitectura) de aquella cultura. Esta mirada se afianzó años más tarde con la llegada del Renacimiento surgido en Florencia y diseminado por Europa, con lo cual se marcó un referente para el quehacer artístico en la civilización occidental.

Basamento de contrarios, el arte oriental instaura su arte y estética (poesía, dibujo lineal, trazo o caligrafía, arquitectura, jardín zen, la ceremonia del té) en una necesidad filosófica y cosmogónica. Mientras acá, en Occidente, la búsqueda de lo estético está latente en un ideal de belleza externo; allá, en Oriente, el taoísmo, el budismo, el zen, entre otros recalan en la estética de la contemplación interna, en el concepto de la vacuidad y en la belleza como equivalente de armonía, creatividad e impulso poético. Únicas vías que confrontan al ser humano con el mundo, con su Ser y Existir. Llegar al estado de vacío absoluto supone poder fundirse en un solo Todo con el universo. Esa practica del vacío es la que lleva a un estado de silencio primordial, un vacío que jamás es una ausencia o una carencia, pero sí, una enorme presencia del Ser. Desde la primera cuarta parte del siglo XX, la trascendencia que tuvieron las filosofías orientales marcó sin duda la visión del arte occidental. El arte en todas sus expresiones y manifestaciones nos lleva a conectarnos con la esencia humana, fuente de nuestra misma existencia.


por MARLENE PASINI (México). Comunicóloga, escritora, poeta, editora, artista visual. Psicoterapeuta, coach de vida y educación transpersonal, con maestría en literatura, diplomada en historia. Egiptóloga con certificación en jeroglíficos y especialista en sabiduría ancestral y mística.



Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

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