La ingenua victoria del recuerdo | Armando Madiedo


ESTHER

Porque las palabras no son solo eso que nombran
Aníbal Tobón

Cuando quiero decir crepúsculo,
en realidad, quiero decir su nombre.
Quizás es al revés, cuando lo digo
también grito muelle o cielo.
Él devora adjetivos, versos
y se convierte en artificio contra recuerdos.
El níspero ya no es níspero,
cuando lo muerdo y se derrama el jugo,
digo cada una de sus letras.
Sus senos, eran como esos frutos dulces
que ahora atienden su llamado.
Cuando escribo un poema, una elegía,
basta su nombre,
pero si escribo o digo olvido,
Esther se rehúsa a salir en su reemplazo.


NOS VIERON

Nos vieron. Al Igual que esos días, ausentes, inmersos. Lo que definimos esa noche, ahora cae como fardos pesados. Y sabías, desde el principio, que seríamos escombros. Teníamos alas de cera y la única ruta de escape era directo a la luna. Avanzamos ciegos, persiguiendo algo que aún ignoramos, pero queremos olvidar y no podremos. No sabíamos en ese tiempo de la censura. No nos importaba. Tú eras esa herida en la tierra dispuesta a ser sembrada y solo un gesto bastaba para removerte, para ensuciar mis manos de ti y dejar esas semillas regadas por tu cuerpo. Ese día nos dejamos ir uno en el otro, tan sórdidos. Estábamos hechos a la medida de nuestros miedos y no teníamos ninguno. Y estoy seguro de que corrieron a cerrar las puertas y ventanas, pero aun así se asomaron y espiaron detrás de las cortinas, olieron el deseo, ese perfume que desatabas cada vez que… La vida nos pondrá de nuevo de frente, con la felicidad gastada; y no entraremos a ninguna habitación y lo haremos, tú y yo no sabemos hacer otra cosa, somos animales y nos verán, como siempre lo hacen, nos verán.


MIGAJAS DEL TIEMPO

No sabe de la substancia. No sabe del bálsamo que despliega el alba. Desconoce el poema que está detrás de mis urgencias, él es un analfabeta de mi cuerpo, no lo sabe reconocer macerado por los años, por otro hombre hace unas horas, no, no sabe siquiera reconocer el vaho de una mujer en mi aliento, no sabe de mis penurias, de todo lo que me toca disimular. Por eso emerjo a escondidas a descubrirme, a recortarme a pedacitos de luz por noches, a buscarme en eso que está oculto a simple vista en la jungla, la otra, la que no alcanzó a fingir.

Si un hálito nocturno se desliza sobre él, soy yo quien lo captura en una sonrisa. Él no sabe del petricor, de las migajas del tiempo, de todo eso que almaceno en estas cajas. Se muere por saberlo y quizás lo sabe, pero prefiere adulterarlo, por eso él es falso y anda triste, porque no sabe ver más allá, no puede, no alcanza. Está ciego del mundo, está ciego de mí, yo también ando con mis vendas, pero cada vez que puedo, alzo el terrible velo de los días y dejo entrar a esa que me espera afuera, la otra que me trae los recuerdos para no olvidarme, para recordar que algún día tengo que escapar, mañana, quizás mañana cuando amanezca y el sol se trague todo esto que me sobra, que no soy.


BONUS TRACK X

He descendido al vientre del mundo
y no pretendo huir del latido del miedo.
Voy adherida a las palabras que ya no insinúo,
me he descubierto eterna, sin lastre.
Hay mucho en la oscuridad
para dilapidarlo todo en esta vida.


BONUS TRACK XI

Dejamos un manojo de hebras sueltas
que somos incapaces de halar;
con la ira que atesoramos,
nos guardamos el impulso ¿comprendes?
Hemos cultivado esas frutas amargas
y esperamos brindar con esa juventud agazapada
lo que no nos ha podido brindar el olvido


BONUS TRACK XIII

No hay gesto que aplaque
la ingenua victoria del recuerdo.
Convéncete, no podremos recapitular
tu brazo ni mis dedos.
Hay batallas que el cuerpo no olvida
aunque no se dejen heridas,
aunque solo quede el roce del racimo,
los pétalos que se desperdician día a día
y no sabemos devorar.


BONUS TRACK II

En ese terrible rumor que trae la oscuridad,
se defiende del ávido olvido
un mensaje impreciso de los años,
una nostalgia que intenta dejar su designio
entre el perfume de papeles magullados
y no logra acertar los verbos precisos,
el rincón idóneo de la hoja en blanco
para no caer en el cesto junto a tu recuerdo


BONUS TRACK V

Quizás es inevitable
recorrer tu recuerdo con una caricia,
contemplar que cada puerta de cristal siga sellada
y siga ceñida a las reglas de tu reino de humo.
Es imposible retirarse con dignidad
de todo este vestigio,
del mal augurio en que te has convertido


ARMANDO MADIEDO (Barranquilla, 1985) Docente, promotor de lectura y gestor cultural y escritor. Estudiante de Licenciatura en español y literatura de la Universidad del Atlántico. Cofundador de la Fundación Nuevas Letras y del Festival Nuevas Letras de la ciudad de Barranquilla. Participó en el Festival Internacional de Poesía en el Caribe, Poemario, Río y mar de las palabras 2017 y 2018. Sus trabajos han sido publicados en numerosas Antologías. Fue ganador de la Beca Distrital de poesía de la ciudad de Barranquilla, a través del portafolio estímulos en dos ocasiones, que le brindó la oportunidad de publicar sus dos primeros poemarios: «Llegué tarde a todo» (2017) Ediciones Exilio. “Cassette para el olvido” (2019) Ediciones Exilio.


Cortesía del autor

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