El verbo de la ley | Víctor Manuel Pinto

APRENDIZ

Quise ser un hombre,
un buen hombre
que entendiera a mi Padre
y su mezclar de tierra
con nuestra carne.

Y con mis hermanos fui la obediencia,
serví a los ritos y sacrificios
hasta que vino eso…
¿Cómo era que olían sus escamas?

Y me estiró el cuello con una caricia,
y me convirtió en una garza
una bella garza
con linaje de las aves del principio.

Y qué desespero hay en todo esto
Padre,
y qué lejos tengo ahora
la cabeza del corazón.


REVERENCIA

Dame, rey de las piedras,
sólo una para cantear mi casa.

Sólo una vena
señor de los ríos,
para arrugarnos de hacer presente
el verbo de la ley.

Dame, padre de la mansedumbre,
tres sogas para amarrar
a mis animales de cuerno.

Tú, soberano de todo,
dame tan sólo un árbol
una mesa, pan y agua.

Ella es la fruta, la carne y el vino.



CRUDO

Nunca entendí la santidad del cuerpo.
Lo posible de amoldarlo a campos y montañas.

Me balanceaba en la punta del placer
con la montura y la inconciencia de un perro.

Qué natural creía esa forma de maltratarme.


GRASA

Lo grosero no sólo cuelga del hombre.
Ver guindar la voluntad a un lado del cuerpo
debería atormentar nuestra figura.
No el bocado, sino el golpe de más.
La palabra por la que bajamos la cabeza.
No la piel frita del cerdo muerto a palazos,
sí la piel que maltraté.
Todo se vuelve lo baboso de nuestra carne.
Y levantamos hierros y pesas ante un espejo
al servicio de fibras y tejidos,
deseando modelar al miedo que nos pesa.


MUJER TROTANDO

La mujer que trota cree que el sudor
es la otra forma de la fuerza puesta en su cuerpo,
y que cada fruta envasada
dará el brillo de sus conchas
a la flojedad de sus piernas temblando a cada paso.

La mujer que se encoge en la tabla abdominal,
mirando las nubes deshacerse,
cuando se estira en la cama
mira nublarse lo deseable en su carne.

La mujer que jadea sobre la grama
a veces cierra los ojos
mientras abre el envase del agua,

y cree que los golpes
por el trote de la sangre en su pecho
son los de un bello cuerpo que desea liberarse.


PERCEPCIÓN

No quiero saber si lo que miro
es el verdadero tamaño de la piedra.

Si aún le falta crecer
con el viento
o por el viento
disminuye la dimensión de su masa.

Solo quiero una piedra
para sentarme
a ser un hombre tranquilo.

Desunir el puño de cosas
que endurecen mis manos.

Encontrar
este momento de la piedra,
sin futuro
ni pasado.

II

La involuntaria salivación ante la comida
y bocado y bocado tras bocado,
sin oler, ni saborear.

 ¿Qué hacer con esa violencia?

La involuntaria erección.
Y al tacto imaginarse tan fuerte
y tan distinto al cuerpo flojo
apenas duro en el centro de su tamaño.

 ¿Qué hacer con ese desgaste?


III

Escucharé mi voz desde abajo
con la oscilación sobre ella de una mirada
que surge de lo turbio a la quietud.

El movimiento de una flor al viento: sí
o al moverse en la prisa de la brisa: no


IV

Mutilado por el sueño
ningún sentido se ejecuta.

No miras, no escuchas,
no hueles, ni tocas,
ni el río sin gusto de la saliva
la boca percibe
abriéndose más y más
al bostezo inconsciente.

Así es la hora de la rueda eterna.
Un río inmaterial de voces y sueños.


VÍCTOR MANUEL PINTO (Valencia, Venezuela, 1982). Es un poeta, editor y profesor universitario. Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, donde dirige la revista Poesía, imparte talleres de teoría y creación poética, y es Coordinador del Encuentro Internacional Poesía Universidad de Carabobo. Ha publicado los libros: Aldabadas (Editorial El Perro y la Rana, 2005, Premio Certamen Mayor de las Artes y las Letras del CONAC), Mecánica (Ediciones Poesía, Universidad de Carabobo, 2006, Premio Internacional de Poesía Ciudad de Valencia), Aprendiz de la Carne (Premio I Bienal de Poesía Eduardo Sifontes, 2007), Caravana (Ediciones Separata, Universidad de Carabobo, 2010), Voluntad para no matar (Ediciones ICUM, 2011), Poemas reunidos 2005 – 2011 (Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2012), y Quieto (Kavrial Editores Independientes, 2014). Ha participado en festivales nacionales e internacionales de poesía. Poemas suyos han sido traducidos al árabe, alemán, inglés, portugués, e italiano.


Cortesía del autor






















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