La desgarrada voz de las canciones | Helcías Martán Góngora


PORTIA WHITE

Portia White, aquí estás.
En Colombia que tiene mil selvas:
Putumayo, Vaupés, Caquetá.
En Colombia que es selva y ciudad.
Medellín, Bogotá…
Portia White.

¿No has oído el clamor
de un tambor
prisionero del viento
y el nocturno rumor
de un lamento
navegando en el aire del mar?
Portia White.

Tú que llegas del norte invernal
-factorías, inglés, rascacielos-
ve a buscar a los negros abuelos
a la selva total del Chocó
y alrededor de la hoguera del sol
rememora la danza ritual.
Portia White.

(Evangelios del hombre y del paisaje. Humano litoral, 1920 – 1984)


DECLARACIÓN DE AMOR

Las algas marineras y los peces
testigos son de que escribí en la arena
tu bienamado nombre muchas veces.

Testigos, las palmeras litorales,
porque en sus verdes troncos melodiosos
grabó mi amor tus claras iniciales.

Testigos son la luna y los luceros
que me enseñaron a escribir tu nombre
sobre la proa azul de los veleros.

Sabe mi amor la página de altura
de la gaviota en cuyas grises alas
definí con suspiros tu hermosura.

Y los cielos del Sur que fueron míos
y las islas del sur donde a buscarte
arribaba mi voz en los navíos.

Y la diestra fatal del vendaval
y todas las criaturas del Océano
y el paisaje total del litoral.

Tú, sola entre la mar, niña a quien llamo:
ola para el naufragio de mis besos,
puerto de amor, no sabes que te amo.

Para que tú lo sepas yo lo digo
y pongo al mar inmenso por testigo!

(Océano, 1950)


LOA DEL CURRULAO

Me hacía guiños tu fugaz cintura,
negra, negrura de la negrería.
Era en Buenaventura
y una salvaje melodía
trenzaba mi amargura
y destrenzaba tu alegría.

En la noche, la Vía
Láctea de tu perfecta dentadura
al sonreírme tú, resplandecía.
Te me ibas, corza herida,
perseguida gacela,
dejando en pos la estela
de la marimba ardiente
y los roncos tambores.
Con tu vestido de colores
y tu blanco pañuelo
eras alas de un vuelo,
pétalo en la corriente.
Crecía tu cadera,
curva de sombra plena.
En tu cuerpo bailaba una palmera
esta danza morena
hecha de gozo y pena.
La enamorada esfera
vibrátil de tus senos,
era una ronda de constelaciones.
Toda era curva, menos
la desgarrada voz de las canciones.

Ardías con el fuego
de los hondos ancestros abismales
y era tu cuerpo un ruego apasionado… Los rituales
tambores iniciaron su agonía.
Era en Buenaventura y todavía
en la noche, la Vía
Láctea de tu perfecta dentadura,
al sonreírme tú, resplandecía.

(Humano Litoral, 1954)


HELCÍAS MARTÁN GÓNGORA fue un poeta colombiano (1920 Guapi, Cauca – 1984 Santiago de Cali). Su relación con la población negra de la costa Pacífica colombiana, hizo que sus poemas sean, como él dijo, «el pregón del esclavo de ayer y de hoy». Realizó sus estudios secundarios en Pasto, Medellín y Popayán y los de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas en la Universidad Externado de Colombia. Entre sus principales obras poéticas cabe mencionar: Humano litoral I y II, Mester de negrería y fabla negra, Retablo de Navidad, Breviario Negro, Esopo 2000, Notas pastorales y Pastoral Negra.





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